CARLOS TROTTA

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martes, 15 de diciembre de 2015

Independencia en Cataluña

Carlos Trotta | 26 sep 2012 

¡Y ahora el catalanismo…!
Si, quieren la independencia
Hace ya dos años le he enviado (a la Argentina), a mi querido amigo de la infancia, el Dr. Juan Carlos Cassera, y ante su requerimiento, mi opinión sobre la independencia de Cataluña y ahora la rescato por que al releerla me doy cuenta que tiene amplia actualidad.
Y le decía:

A los catalanes “hay que darles de comer aparte” como se dice por aquí, son muy especiales.
Hace unos años, cuando trabajaba en un Organismo Internacional, el Secretario General, catalán él, lanzó una expresión en mi presencia que me hizo reflexionar sobre este tema. Estábamos reunidos varias personas y uno de los presentes, un gallego (de Galicia) objetó el hecho de que los catalanes no querían hablar el “español”, el Secretario General le manifestó que los catalanes no aceptaban que le quisieran imponer un idioma y que no era que se oponían al español sino que querían le permitieran utilizar el “suyo”.
Con el correr de los años, los que llevo viviendo en España, he podido entender un “poco” más todo esto, claro no puedo sustraerme de mi óptica madrileña, dado que he residido de contínuo en un pueblo de la sierra madrileña.
La independencia de Cataluña es, desde el punto de vista práctico, un disparate, no es oportuno ni conveniente separarse, En estos momentos en que estamos incorporados en la Unión Europea, que significa una unión en todo el sentido de la palabra, aunque todavía faltan muchos puntos para que ello ocurra, la situación actual y la tendencia es que hacia ello vamos.
En el orden económico están a la vista los últimos acontecimientos de la economía mundial y por ende europea; hay un camino emprendido hacia la globalización, con muchas dificultades, pero hacia allá vamos, y como decía, Europa no puede sustraerse, Bruselas, como centro de ella, imparte directivas como para que los países las pongan en práctica y los gobiernos de de la Unión no dudan en cumplirlas.
El ejemplo más cercano lo tenemos en Grecia y más cercano aún, España, donde el gobierno hubo de dar un giro de casi 180º para adaptarse a las normativas de Europa.
Hay, desde hace años, una política exterior común (aunque en la práctica no se ve mucho) pero aún así está, y esto significa que con el tiempo emergerá en toda su dimensión.
Hay libre circulación de capitales, de profesionales, de personas; hay un pasaporte que nos identifica como ciudadanos europeos. Hay una moneda común, que hoy en día tiene más valor que el dólar.
En fin, todo esto y posiblemente más que en estos momentos no acuden a mi memoria.
¿Cuál sería la ventaja de la independencia? Tener un gobierno propio; tener idioma propio (el catalán está reconocido en la UE como otro de los idiomas que se utilizan en España); manejar su propia economía. Pero, con seguridad, querrían estar en la UE ¿Y entonces?
Los políticos que emplean este concepto, lo hacen más con un sentido electoralista que tiene distintas lecturas: una, mantener un electorado fijo, alimentando esa remota esperanza; otra, tienen que sostener el discurso como signo de identidad, que los distingan de los otros que no propugnan esas ideas. Saben que allí hay un caldo de cultivo importante y por lo tanto hay que abonarlo.
Hace poco Laporta, ex presidente del Barça, proclamó la creación de un partido (tendencia, más bien) independentista… le manifestaron que pensaba hacer, en caso de conseguirla, con su club, en que liga jugaría… no supo responder. Y he aquí algo sencillo, pero de difícil solución, para los catalanes…
Aunque, para terminar, voy a recodar un verso que me enseñó mi madre cuando era yo pequeño, y que luego supe que pertenecían a D. Ramón de Campoamor:
Y en este mundo traidor
Nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
Del cristal con que se mira.
Y así terminaba el escrito que le había enviado, y ahora reflexiono, qué puedo quitar o agregar, poco y mucho, en dos años han cambiado circunstancias pero el fondo de la cuestión no.
Ahora se están dando pasos, como la manifestación, masiva llena de pancartas y banderas, impresionante e impactante, pero hasta qué punto vinculante, pues según una encuesta publicada (que no deja de ser nada más que una encuesta) la diferencia entre los independentistas y los que no, está en un escaso uno por ciento, sin llegar la suma de los dos al cien por cien…
El Presidente de la Generalitat Catalana, D. Artur Mas, inmerso en un ambiente populoso y entusiasta, con un oportunismo político que denota un ocurrente buen olfato, se pone al frente de todo, pero no trasmite una fuerte convicción, tal vez porque en su inconciente freudiano el superyo le está indicando la imposibilidad de esa independencia por las consecuencias, insospechadas por la gran mayoría de los catalanes, que tendría en el orden internacional, un aislamiento en la Unión Europea, por ejemplo, y en el orden local las propias de un reordenamiento que empezaría por su propia financiación y que pasarían por el obtener un libre comercio internacional sin el condicionamiento que le impondrían las grandes potencias económicas, producto de la propia circunstancia.
Complejo, muy pero muy complejo.
Fotografía de Jose PPC

RSSComentarios (2)

  1. Delia dice:
    Los españoles deberíamos convocar un referéndum para darle la independencia a Cataluña.
    Seguro que prosperaría, y el resultado sería algo así:
    Cataluña se convertiría en un Estado independiente, como es hoy Túnez o Marruecos. No pertenecería a La Unión Europea , ya que, para ello, tendría que solicitar formalmente su adhesión y cumplir con los requisitos previos; esto podría durar años. Además, España tendría que dar el visto bueno para su entrada, y, podría oponerse durante más años todavía. Tendría su moneda propia que podría ser el “catalino”, por poner un ejemplo.
    Estarían separados de España y de Francia por una frontera bien definida, controlada por Aduanas, o por los antiguos fielatos, donde tendrían que pagarnos los correspondientes aranceles.
    Como no pertenecerían a la Unión Europea para conseguir cualquier mejora en sus relaciones con Europa tendrían que obtener el apoyo de España. Su moneda tendría un cambio flexible con el euro y probablemente se devaluaría con lo que, para evitar una inflación importada, tendrían que trabajar más que ahora, pagar más impuestos que ahora y ser más pobres que ahora.
    Los españoles allí residentes tendríamos pocas diferencias con el trato discriminatorio que recibimos hoy. Al estar en un país extranjero tendríamos que educar a nuestros hijos, como ocurre hoy, en catalán. Y si quisiéramos montar negocios, como ocurre hoy, tendríamos que hacerlo en catalán, o sea, que para nosotros los españoles habría poca diferencia con lo que nos ocurre hoy. Pero su trato hacia nosotros mejoraría porque les aportaríamos nuestra divisa, los euros. Y siempre al cambio saldríamos ganando.
    Para poder renovar su actual Carnet de Identidad español, los catalanes tendrían que demostrar que tienen una residencia fija en España y que pagan sus impuestos en España. Lo mismo les ocurriría con el Actual Carnet de conducir español, la tarjeta de la Seguridad Social , etc. Incluso les podríamos pedir Visado de entrada cuando quisieran hacer turismo en España.
    Nosotros, el resto de los españoles, nos ahorraríamos todo el coste que hoy nos cuesta su Seguridad Social, sus pensiones, su paro, sus vacaciones, etc. Y lo mismo con lo que nos cuesta hoy mantener a los inmigrantes que ahora residen allí, que cada vez son más numerosos, sobre todo los que provienen de países árabes.
    Todos los que tenemos el dinero en alguna entidad de allí, podríamos depositarlo en el Santander, o el BBVA o Caja Madrid, que al final revertiría en la empresas españolas; por no hablar de las participaciones que tiene las entidades financieras catalanas en las principales Compañías españolas, habría que obligarlas a devolver las acciones ya que, al no pertenecer a Europa, el gobierno español podría “nacionalizar” las mismas.
    Nos ahorraríamos todo lo que hoy nos cuesta la cantidad de Diputados y Senadores catalanes que nos desprecian. Sus viajes en primera a Madrid, sus estancias en hoteles de lujo, sus dietas, sus vacaciones, sus sueldos millonarios de por vida, sus guardaespaldas, sus comilonas, etc. Y serían sustituidos por Diputados y Senadores españoles que trabajarían por España. Nos ahorraríamos los traductores que ellos nos exigen, cuando solo por buena educación deberían hablar en español, idioma en el que todos nos entendemos. También ahorraríamos en las “embajadas” que tienen por todo el mundo. Dejaríamos de pagar a los Mozos de Escuadra que, por si no lo sabes, no los paga la Generalidad , sino el Ministerio del Interior, como a los Policías y a los Guardias Civiles, sólo que les paga más.
    Los ríos que nacen en España y luego entran en Cataluña podrían ser desviados para regar zonas secas de España, y no como ocurre ahora que hay que pedirles permiso para hacerlo así y que siempre lo deniegan. Además podríamos construir un buen pantano en el Ebro en la provincia de Zaragoza y convertir en regadío el desierto de los Monegros.
    El cava se lo pueden meter por el culo, ya que tendrían que pagar impuestos a la exportación, y no olvidar que el 80% del cava catalán se vende en el resto de España. Nosotros no tendríamos inconveniente en tomar champán francés (que con los impuestos saldría por el estilo de precio) o la buena sidra asturiana , que fresquita está de muerte, y los asturianos son unos chicos muy majos que se sienten orgullosos de haber iniciado la reconquista desde Covadonga.
    Si necesitaran dinero para hacer carreteras, para ampliar sus puertos y sus aeropuertos lo podrían pedir prestado a España, claro que, pagándonos los correspondientes intereses y gastos. Podrían tener su selección de fútbol, y el Barca jugaría la liga con el Nastic, el Reus y el Sabadell, así generaría buenos ingresos para futuros fichajes. Además, ganaría siempre la liga, ya que no tendría rival. Lógicamente Messi, Pujol, Busquets, Xavi, Iniesta, Valdés, Pedrito, Alves, etc. buscarían equipos más competitivos en España o Italia, pero esto, a los catalanes de pro, no les importaría mucho, lo importante sería “sus señas de identidad”.
    Pero por encima de todo, los españoles, nos liberaríamos de una buena cantidad de gente que nos desprecia, de políticos que solo piensan en su tierra, y de un montón de gente que nos usa según lo que les conviene y que muchas veces lo hacen con el dinero de los impuestos que pagamos el resto de los españoles.
    Será divertido verles allí macerándose en catalanismo. Y cómo, mirándose unos a otros, descubrirán con asombro lo pequeños que son al no pertenecer a España.
    Cataluña tendría entonces la dimensión que le corresponde. La de un País de paletos provincianos.
    Pero que a gusto me he quedao, . . . ¡¡¡ Joooeeerrrrrr !!!
    ENVIALO COÑO, VALE LA PENA
  2. Delia dice:
    Quiero dejar constancia que el comentario anterior no es mio, sino que es un correo que he recibido y que está circulando libremente por internet, por lo que he creído oprtuno anexarlo aquí



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