CARLOS TROTTA

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sábado, 12 de diciembre de 2015

Indignados, indignantes, indignos y otros in…

Carlos Trotta | 24 jun 2011 | Comentarios (0)

Indignados, indignantes, indignos y otros in…Estoy un poco confuso debido a la realidad que estamos viviendo después de la aparición de los Indignados, esta realidad que pone en evidencia que tal vez lo vivido hasta ahora no es lo que más conviene para nuestra vida en comunidad, nuestra vida en sociedad.
Comienzo por la esencia de los Indignados, que no se si catalogarlos como grupo o como movimiento, porque entre los dos conceptos hay diferencias a considerar.

Si lo consideramos como grupo hay que tener en cuenta que se trata de una pluralidad de personas que forman un conjunto, donde se unen para compartir creencias, comportamientos, valoraciones, personas que, por sus propios intereses, ocasionan ciertos efectos en una organización, en una actividad social.
Si lo consideramos como movimiento hay que estimarlo como el impulso, la expansión y la propagación de una tendencia social de carácter innovador, pero además merece entenderlo como el conjunto de cambios, de variaciones o novedades ocurridas en el transcurso de un período de tiempo, en algunos campos de la actividad humana en donde no podemos excluir la pasión, el súbito, el imprevisto ímpetu de la pasión, por lo que se produce una alteración o conmoción que desemboca en la indisciplina, en definitiva en una rebelión.
En el análisis de los hechos provocados por los INDIGNADOS, observo que podemos aplicar simultáneamente, interactuando, ambas estimaciones.
Desde el 15 de mayo de 2011, la primera manifestación decidió acampar en la Puerta del Sol de Madrid, obviando todo lo que se conocía en los últimos tiempos sobre protestas, ha llevado tiempo establecer si respondía a protestas juveniles o de ciertos sectores de la sociedad a los que se considera muy cercanos a los parias, ciertas actitudes y hechos no convencionales emergentes de esa acampada lo hacían suponer, pero con el transcurrir del tiempo estas apreciaciones fueron diluyéndose, aunque persistieron las visualizaciones no agradables de esa singular acampada, propia de quienes lo hacen en un campamento de montaña. Aunque hay que destacar que se organizaron un gran sentido de la perfección, manteniendo el orden y la limpieza.
Hasta ahora han demostrado no ser protestas juveniles únicamente, sino que se ha podido comprobar la diversidad en la composición del conjunto total.
En otras ciudades del país, y en algunas del extranjero, cundió el ejemplo, pero en Barcelona surgió “el súbito, el imprevisto ímpetu de la pasión” y la cosa se desbordó… carga policial, heridos, detenidos y la “lógica” explicación de las partes de que les asistía una razón en su accionar. En Valencia otro tanto de lo mismo…
Los INDIGNADOS pasaron a ser los INDIGNANTES para cierto sector de la sociedad española y de la prensa más reaccionaria, por ser causantes de su irritación, de su enfado, pasaron a ser los INDIGNOS, ya que no tienen ni méritos ni atribuciones para ocupar la calle.
Según sus juicios de valor son INCOMODOS, INDESEABLES.
Bien es cierto que por el resultado de hechos en donde se muestran beligerantes, pareciera que son acreedores de tales adjetivizaciones, han sido y son beligerantes con los políticos en general, con los que manejan el mercado, cuando señalan en forma descomedida su oposición a leyes, a normativas que consideran lesivas para la sociedad en general, cuando se oponen a algo que creen INADMISIBLE, aquí aparece “el súbito, el imprevisto ímpetu de la pasión”, y pasan a ser INCONTROLABLES, no ya para los encargados del orden, sino para ellos mismos.
Pero supieron reaccionar, lograron recobrar el control de la situación que parecían haber perdido cuando ajenos a los fines de sus convocatorias empezaron a provocar INCIDENTES, rechazaron lo que juzgaron como una agresión, retomando el espíritu asambleario de sus comienzos y reestablecieron el orden primigenio.
Los políticos aducen que si bien son legítimos y por lo tanto atendibles sus reclamos, el sistema democrático que nos rige determina que, como principio, el voto que millones de ciudadanos ejercieron libremente, se antepone a la cantidad de manifestantes que quieren, con sus exigencias, desviar lo expresado por esos ciudadanos con sus votos, por lo que no niegan el derecho a manifestarse, pero los convocan a ejercer sus derechos al voto, a más del que están ejerciendo.
Además los políticos están teniendo diversas conductas con respecto a compatibilizar lo pretendido por los INDIGNADOS, lo hacen con mucha cautela porque se exponen a ser rechazados, no cesan en sus intentos porque no quieren perder ese “bocado” productor de votos y de planteamientos emanados de la cruda realidad que son bien recibidos por un gran sector de la sociedad.
Han hecho algunos acercamientos pero lo único que han recibido es el rechazo liso y llano como así también el repudio, no solo de quienes han percibido esas lisonjeras seducciones, sino también de sus habituales oponentes políticos.
Quieren y no pueden. Quieren y no los aceptan. Quieren y son repudiados.. Quieren y no saben cómo. Quieren y se les atraganta…
Pero los INDIGANDOS presentan un problema evidente de organización, porque en su manifestada INDEPENDENCIA, no presentan un estamento, una organización que sea tanto receptiva como resolutiva, tienen que depender de la asamblea, donde exponen y discuten con orden y amplitud los diversos temas que presentan, pero eso les quita la rapidez que requiere su resolución, con lo cual caen en los mismos vicios habidos en el sistema establecido y que tanto critican; pero aún así preservan lo esencial, lo sustancial de esos temas, lo principal del planteamiento, lo que lleva la propia estructura de lo reclamado.
He leído en parte de la prensa argentina, que estos movimientos populares pueden compararse con “Los Piqueteros” de ese país (hasta llegan a insinuar que son la génesis) nada más lejos de la realidad, esos ciudadanos argentinos se diferencian de estos, entre otras cosas, por algo muy sencillo: los españoles no reciben ningún subsidio del gobierno y están en la calle por su propia voluntad y son partidarios de reformas, especialmente en sentido democrático, cometidos que merecen la consideración y el respeto de todos.
No se si estos manifestantes INDIGNADOS llegarán a tener un “final feliz” acorde con los postulados que los llevaron a ocupar la calle; no se si llegarán a tener un final, dado que, por el momento, tienen la intención de que esto no ocurra.
Pero este “movimiento grupal” está demostrando ser INCOERCIBLE, INCONTENIBLE y es de desear, por el bien de la salud mental de la sociedad, que sea INCOMBUSTIBLE.
Fotografía de uchiuska


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